Sentado en el umbral de la puerta de la taberna, el tío Beseroles, de Alboraya, trazaba con su hoz
rayas en el suelo, mirando de reojo a la gente de Valencia que, en derredor de la mesilla de hojalata,
empinaba el porrón y metía mano al plato de morcillas en aceite.
Todos los días abandonaba su casa con el propósito de trabajar en el campo; pero siempre hacía el
demonio que encontrase algún amigo en la taberna del Ratat, y vaso va, copa viene, lanzaban las
campanas el toque de mediodía, si era de mañana, o cerraba la noche sin que él hubiese salido del
pueblo.
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miércoles, 7 de noviembre de 2012
sábado, 3 de noviembre de 2012
El Ogro - Blasco Ibáñez Vicente
En todo el barrio del Pacífico era conocido aquel endiablado carretero, que alborotaba las calles con sus gritos y los furiosos chasquidos de su tralla. Los vecinos de la gran casa en cuyo bajo vivía, habían contribuido a formar su mala reputación… ¡Hombre más atroz y mal hablado!… ¡Y luego dicen los periódicos que la Policía detiene por blasfemos
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